Existe en ambos una no-jerarquía; la misma que se da en la televisión,
donde el acontecimiento más importante es el corte, el paso sin interrupción de
una telenovela a un documental, eliminando las diferencias y asignando el mismo
valor a todos los elementos de la red, de modo que cualquier combinación
posible pueda tener un sentido. Así es la nueva ciudad resultante: un campo
urbano continuo, una red conceptual de alcance infinito. Una ciudad convertida
en región (Megalópolis). Lo que en esta ciudad se echa de menos no son
determinados edificios ni un lugar en particular; sino los espacios
intermedios, las conexiones que dan sentido a las formas. De este modo, pasamos
de un término a otro según un orden
baladí, pudiendo alterarlo sin
variar el producto; El mensaje será el mismo, y éste se va repitiendo y
completando por adición.
A-geografía
La nueva ciudad no está asociada a ningún lugar en concreto. Tiempo y
espacio quedan obsoletos ante unos avances tecnológicos (internet, móviles,
tarjetas de crédito...etc) que rompen
las políticas de proximidad en las que se basaba la ciudad tradicional. Las
nociones de lugar, distancia o límite se someten a crítica.
Presenciamos la emergencia de un modelo de ciudad que no se integra en el
tejido urbano existente incorporando sus estados previos y su contexto. Las
nuevas arquitecturas se descontextualizan y se dirigen a un usuario-consumidor
al que se le presentan, a modo de guía turística, una discontinuidad de
escenarios, imponiéndole incluso el itinerario más eficaz posible para que no
sea en ningún momento partícipe de sus conexiones.

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